Estoy leyendo el nuevo libro de Catón, “Hidalgo e Iturbide: la gloria y el olvido”, cuyo nombre más que obviamente nos remite a su anterior obra sobre Historia, “Juárez y Maximiliano: la roca y el ensueño”.
El tono de las obras históricas de Catón es muy sencillo de leer, como el mismo autor dice “fue escrita por un periodista, no por un historiador”, lo que se pone de relieve en cada uno de los capítulos de ambos títulos.
Sobre “Juárez y Maximiliano”, es de notarse en gran medida la función de sacar del pedestal la imagen de Benito Juárez, ya que el libro resalta las atrocidades y “traiciones” cometidas por el llamando Benemérito de las Américas. Ahora, a mi modo de ver, el libro si cumple una misión iconoclasta con bastante certeza, pero el factor “lector” hace que sea visto casi, casi como pro Maximiliano.
Sin dar a conocer extractos del libro que para estas fechas ya es bastante conocido por los amantes de la Historia de la Guerra de Reforma y el Segundo Imperio, se puede ver como la labor de desmitificación de la imagen de Juárez es más evidente que la realizada hacia Maximiliano de México: años y años de entronización de don Benito, han hecho que el colectivo social mexicano reaccione más hacia cualquier comentario que “manche” la imagen de bronce del llamado líder de la Reforma mexicana. En toda la obra se leen situaciones donde Juárez y sus seguidores parecen realmente anti-mexicanos y sobre todo, carentes de una visión sobre la realidad del país en aquel aciago siglo XIX, en particular existe una mención corta pero harto reveladora sobre uno de los más consagrados héroes de la República liberal, Sebastian Lerdo de de Tejada.
Cuenta Catón en la página 79 de su libro, que un historiador católico encontró una carta que el embajador de Estados Unidos en México John Forsyth Jr. envió a su país el 15 de abril de 1858 donde decía:
“… este caballero ha perdido toda la esperanza para su patria en elementos que de ella misma. Está completamente convertido a la doctrina de que el único recurso es un americano protestante. Admite la disolución del Ejército Mexicano, por ser éste una corrompida fuente de revoluciones, y que se substituya con tropas americanas. ‘Si fuera posible -dice- yo extirparía hasta la lengua castellana’…”.
Esto último lo dijo el héroe nacional por imposición, Sebastian Lerdo de Tejada.
Continuará…
Soy fan de la historia de la Reforma y El II Imperio, y después de investigar, estoy convencido de que Juárez y muchos de sus allegados eran pro-yanquis al extremo. ¿Por qué no se le estudia en las escuelas de manera más crítica a Juárez en lugar de fabricarlo de bronce y exaltarlo hasta donde no?
Por: Irving Radillo el 5 Marzo, 2009
a las 12:28 pm