Posteado por: nefmex | 15 febrero, 2010

Éxodo de los jesuitas

* La expulsión de la Compañía de Jesús en 1767
* El poder más allá de la Corona
* La ideología de la “justa rebelión
* Germen de los movimientos independentistas de América Latina

por Neftalí Hernández
publicado originalmente en La Verdad, Revista Política; 14-02-2010

La llegada al trono español de la Casa de Borbón -originaria de Francia- con Felipe V en 1700 supuso para la Monarquía hispánica un cambio de esquemas y conceptos tendientes a reformar no sólo el gobierno interior sino también la relación con los reinos en América, siendo el principal objetivo la terminación del sistema federado de la Monarquía en uno central, propio de la filosofía borbónica de Luis XIV de Francia, abuelo del nuevo rey español.
Estos cambios supusieron además, un choque social en todos los territorios del imperio ya que los modos y costumbres estaban afianzados y controlados por el gobierno de la dinastía anterior, al grado que las “colonias” en América eran reinos con gran independencia del poder central de la península donde los súbditos participaban activamente en la toma de decisiones de gobierno, emulando con estos a las Cortes tradicionales de los reinos peninsulares.
Además, esta autonomía en América se incrementaba gracias a la colaboración de los propios funcionarios reales llegados de España, que viendo la oportunidad de hacerse de dinero y propiedades, entraban al juego de corrupción y vendimia de cargos y permisos para el comercio entre el Viejo y Nuevo mundo. Para el ideal borbónico del absolutismo ilustrado esto era inaceptable ya que salía de su control, al menos en el papel.
Carlos III (1859-1888), rey de España e Indias, hijo de Felipe V, impulsó agresivamente los cambios tendientes a la modernización de la Monarquía, aún a costa del sentir popular en ambos lados del Atlántico; este rey era un “déspota ilustrado”, lo que se traduce en una máxima parafraseada: “gobernar para el pueblo, pero sin el pueblo”. Consciente de la necesidad modernizar el poder de España para que su lugar como potencia colonial fuera respetado, emprendió reformas para poner fin a las tradiciones y cotos de poder remanentes del tiempo de los Austrias, siendo una de las más importantes recuperar para el Estado el poder ideológico y económico que hasta el momento ostentaba una institución que estaba, en la práctica, más allá de su poder: la Iglesia, personificada esta en la Compañía de Jesús.

Libertad o rebelión

Fundada por San Ignacio de Loyola en el siglo XVI, la  Compañía de Jesús -llamados “jesuitas”-, emprendieron una labor de formación educativa e ideológica en defensa del catolicismo ante el avance de las ideas protestantes, convirtiéndose en soldados al servicio y fidelidad absoluta al Papa, y por ende, gozaban de enorme influencia en asuntos importantes de la Monarquía española, llegando por ejemplo a que el confesor del rey era frecuentemente un miembro de esta orden.
Aunado al tradicional poder que las órdenes religiosas ostentaban en los territorios españoles, los jesuitas tenían preeminencia por sobre todas debido especialmente a su labor educativa, en sus colegios se educaba a las clases altas que llegarían a gobernar a la Monarquía y también a las bajas, que a principios del siglo XIX serán quienes consumarán la independencia de sus naciones.
Entre los preceptos que los jesuitas enseñaban se encuentra el “derecho a la rebelión”: diferente a como se piensa actualmente, la Iglesia Católica reconocía a sus fieles el derecho de ponerse en contra de un gobierno o monarca que atentara contra la ley divina, y esta se definía como el bienestar de los súbditos del rey quien tenía la obligación de velar por su bienestar social, económico y espiritual. De esta forma, los jesuitas propagaban la idea de la emancipación ideológica en caso de que los gobernantes no cumplieran el cometido para el que Dios les había entregado el poder, dado un valor ideológico sustentado en la religión y totalmente legal bajo la visión de aquellos tiempos.
A los preceptos educativos de los jesuitas se sumaban también otros “peligrosos” males que el gobierno de Carlos III definió como los pecados de la Compañía, siendo ellos “decires” y torceduras de la realidad a fin de justificar su próxima expulsión. Se les acusaba de fanatismo guiado por sus líderes religiosos, situación que promovía los ataques en contra de ministros ilustrados del gobierno que compartían la visión centralista de la Monarquía, misma que era incompatible con la independencia de la orden. Los factores económicos también influyeron en los ministros del Rey para nulificar a orden jesuita. En aquellos tiempos era costumbre en la sociedad que grandes riquezas y territorios fueran puestos en manos de la Iglesia para su administración, a fin de buscar la salvación del alma; de esta forma, extenso número de tierras cultivables y cantidades de dinero languidecían en poder de las jesuitas sin que el Estado sacara provecho de ellas.
Las reformas borbónicas pretendían poner fin al gran poder que se le oponía en la figura de una estructura organizada fuera de su influencia y que además poseía grandes recursos económicos con que hacerlo. Tan sólo en España, a mediados del siglo XVIII la Iglesia tenía  150 mil eclesiásticos que componían el 1.5 por ciento de la población total del reino; también ostentaba la titularidad del 15 por ciento de las tierras, 24 por ciento de las rentas agrícolas, 70 de los beneficios por préstamos hipotecarios y 44 por ciento de las rentas de propiedades urbanas: todo esto sin producir ganancias para el Estado.

La expulsión

El 27 de febrero de 1767 se expidio la “Pragmática sanción de su Magestad en fuerza de ley para el estrañamiento de estos Reynos a los Regulares de la Compañía, ocupación de sus Temporalidades, y prohibición de su restablecimiento en tiempo alguno, con las demás prevenciones que expresa”, cuya ejecución correspondió a don Pedro de Abarca de Bolea, décimo conde de Aranda en su papel de presidente del Consejo de Castilla.
La orden tenía propiedades en 118 localidades en la península y en todas la orden real se ejecutó con calma y orden. Los jesuitas fueron informados de la expulsión inmediata del país, a los novicios se les dio a escoger entre seguir en la orden e irse, o abjurar el voto para continuar en la nación. Las escuelas jesuitas no suspendieron sus clases ya que la Corona sustituyo a sus maestros por funcionarios seculares.
En América las cosas no resultaron tan pacíficas: los novohispanos en particular tomaron como ofensa de la Corona la expulsión de sus maestros y se armaron motines en Guanajuato, San Luis Potosi, Pátzcuaro y Uruapan. El visitador general encargado de llevar a cabo la orden, José de Galvez, fue inusitadamente cruel: 85 personas fueron ahorcadas, 73 azotados públicamente; 117 civiles fueron desterrados junto con los 2 mis 600 jesuitas avecindados en Nueva España y 674 personas mandadas a prisión.
La salida de los jesuitas de los territorios españoles fue una decisión pensada y calculada por la Corona a fin de hacerse con el control del reino. Los ministros del Rey consideraban que el poder la Iglesia era una amenaza a sus proyectos de reforma del reino, ya que los perpetuadores del antiguo régimen eran precisamente los maestros y protectores de la sociedad que defendía los viejos fueros: los jesuitas. Cuando se dio la expulsión, ninguna orden religiosa se interpuso a la ley; la Compañía de Jesús no contaba con la simpatía de otros enclaustrados y, particularmente en la Península, sus bienes eran codiciados por religiosos y seculares, por lo que su expulsión fue recibida como una oportunidad de enriquecerse.
Sin embargo, la Corona no previó una consecuencia particular de la expulsión de los religiosos en los territorios ultramarinos. Para los americanos, la decisión puso de manifiesto la falta de interés de los ministros del rey por sus asuntos y sentir; como una ofensa fue vista la pragmática de la corona que ponía fuera del imperio a sus maestros y mentores. Los jesuitas desempeñaron importante papel en la generación de los sentimientos nacionalistas en las colonias americanas, razón por la cual también representaban un peligro para los intereses de orden y centralización de la Corona.
Se considera la expulsión de los jesuitas como una de las muchas causas que llevaron a la independencia de los territorios españoles en América: ideológicamente el golpe para la clase criolla fue muy duro dada la saña con que se realizó el traslado de cientos de maestros, mentores, estudiantes y decanos que habían forjado ya la identidad mexicana en Nueva España. Sin embargo, y contrario a lo que la Corona pensó, alejar a los maestros jesuitas de sus alumnos y colegios no detuvo la enseñanza de tales ideales libertarios, ya que, considerándose más “mexicanos” que “españoles”, los frailes y maestros de la Compañía de Jesús difundieron una imagen más civilizada de los territorios ultramarinos, propagaron por Europa la idea de que América era un territorio igual en importancia política a la propia España y en muchos aspectos, incluso superior a ella.
Mucho estudios, ensayos y libros referentes a las tierras americanas como la “Historia Antigua de México” (1780) de Francisco Xavier Clavijero, no sólo refutaban ideas preconcebidas sobre los novohispanos y los indios, sino que, leídas en la propia América, reforzaron la naciente identidad propia de los criollos, deseos de una ideología que los colocara en la antesala de la independencia.

APÉNDICE
_________________________________

El motín de Esquilache
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En la primavera de 1766 ocurrió en Madrid una revuelta popular cuyo origen era bastante casual, pero sus implicaciones dieronMotín de Esquilache la pauta para la expulsión de la orden jesuita. Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache y ministro de Hacienda de Carlos III, promovió diversas medidas para combatir privilegios de la nobleza y del antiguo régimen señorial, al grado de terminar con monopolios de la nobleza en la exportación de granos que no fue bien vista por ellos y que causo encarecimiento y carestía. Aunado a algunos desastres militares y al origen italiano del ministro, el pueblo español se volcó contra él y le culpaba de todos los problemas del país.

A finales de 1765, la Corona emitió una ley bastante singular: prohibía el uso de capas largas y sombreros de ala ancha, y pugnaba por la capa corta y el sombrero de tres picos. Esto se debia no a una imposición caprichosa de gustos, sino a la necesidad de asegurar el orden público en las ciudades: la inseguridad era tal, que debajo de las capas se ocultaban espadas y armas por los bandidos protegidos en su identidad por los sombreros de ala ancha.
Para los españoles, esto era una medida que atentaba contra sus usos y costumbres; además, los encargados de ejecutar la orden abusaron de su autoridad y agarraban sin aviso a la gente para cortar sus capas y sombreros, creando un ambiente de tensión que enfocó sus ánimos en contra del odiado ministro Esquilanche.
Los disturbios por esta medida duraron meses, el pueblo se manifestaban exigiendo la presencia del rey y la destitución del funcionario, mismo que el monarca no aceptaba a conceder dado sus planes de modernización, pero al final, preocupado porque el motín encontró eco en otras poblaciones, decidió acceder. Al realizar las investigaciones del caso, la Corona descubrió la presencia de agitadores y pregoneros de la revuelta entre las filas de la Compañía de Jesús, razón por la cual las pesquisas fueron enfocadas en este particular hecho con otro muy particular objetivo: justificar la ya pensaba terminación de la orden.
Las investigaciones fueron conducidas contra la compañía considerada como agitadora del orden social y pronunciamientos en contra de los ministros del Rey y la autoridad misma de la Corona. Al final, la decisión ya estaba tomada desde tiempo atrás y el motín fue sólo el pretexto público y necesario para justificar la expulsión de la orden

FUERA DE  NUEVA ESPAÑA
***********************************
Número de afectados en primera mano por el decreto:

2 mil 600
jesuitas expulsados
117
civiles expulsados
85
ahorcados
73
azotados
674
encarcelados

LOS PECADOS JESUITAS
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El ministro Pedro Rodríguez de Campomanes justificó la terminación de la Compañía de Jesús en España basado en siete “pecados” que cometían:

  • Obediencia ciega a sus superiores
  • Ambición de riquezas personales
  • Defender el derecho rebelión
  • Espíritu de unión universal jesuita
  • Incentivar el miedo al cambio
  • Resistencia a la autoridad real
  • “Alianzas” con poderes externos -el Papa-

Respuestas

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