Posteado por: nefmex | 9 Marzo, 2008

El rostro de la discriminación

Este es un mini ensayo publicado en La Verdad de Quintana Roo del día sábado 8 de marzo del 2008, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

La grandeza no termina con el prejuicio

El rostro de la discriminación

A pesar de ser apartadas a lo largo de la historia, pocos conocemos casos en particula

Cancún
Neftalí Hernández Zetina

Sor Juana Ines de la Cruz
Sor Juana Ines de la Cruz, poetisa mexicana, víctima de la misognia de su época.

Cuando pensamos en la discriminación de las mujeres, pensamos situaciones de la vida diaria, en el como los anuncios clasificados piden expresamente hombre, como se considera “incapacidad” el hecho de que una mujer se embarace, o en los desprecios que hacia su pensamiento y acción se realizan día con día desde que el tiempo se comenzo a llamar “tiempo”.

Pero, ¿conocemos a las mujeres que han sufrido discriminación? Grandes personajes de la historia se han visto envueltas en tragedias físicas, de interpretación y mentales por el hecho de ser mujeres pensantes, mujeres que segœn el canon de la época, “desarrollan una actividad de hombres”, o en el peor de los casos, mujeres que han sufrido por el miedo que a ellas se tiene.

En Grecia, cuna de la democracia occidendal, el gran escritor Homero, retrata en su obra “La Odisea” a Penélope, esposa del héroe Ulises, como una mujer sufrida e incapaz de vivir sin un esposo, y con una falta de decisión: Penélope no puede imponerse a los pretendientes que se le acercan, no puede dar un tajante “no”, y sólo puede inventar la artimaña de tejer y destejer para retrasar la elección forzada de un marido, sin importar lo que ella opine. ¿Y su esposo? A Odiseo se le retrata viviendo en la promiscuidad durante su largo viaje, y cuando por fin llega a Itaca, es él quien duda si su esposa le es aœn fiel.

Existe también la historia de Hipatia de Alejandría, quien se destacó en la ciencia, matemática y filosofía alrededor del año 400 de la era cristiana. Estudiosa como su padre, Teón, Hipatia vivo en una complicada epoca de la historia de su ciudad, cuando el cristianismo intolerante perseguía a los paganos, como en el caso de nuestra protagonista. En el 415 de nuestra era, Hipatia fue asesinada debido a la intolerancia del obispo Cirilo de Alejandría, quien no podía concebir que una mujer se dedicara a la ciencia y la filosofía.

Otro caso de intolerancia hacia la capacidad mental se encuentra en Sor Juana Ines de la Cruz, la décima musa, quien desde pequela desarrollo una capacidad intelectual que asombró a la Corte de Nueva España. Sor Juana sufrió la cerrazón de mente del arzobispo de la Ciudad de México, Francisco de Aguiar y Seisjas, quien por medio del confesor de Juana, obligó a esta a abandonar sus libros y escritos, ya que consideraba que una mujer no era digna de dedicarse a las artes

LAPIDA DE PALABRAS

Detrás de un hombre, siempre hay un gran prejuicio:
 
“Las mujeres son seres de cabellos largos e ideas cortas”

Arthur Shopenhauer, filósofo.

 
“Las mujeres son máquinas de reproducir hijos”

Napoleón Bonaparte, Emperador de Francia.

 
“Las mujeres son hombres castrados”

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.

 
“La locura de un hombre vale más que la sabiduría de una mujer”

Salomón, rey de Israel.

FAMOSAS DE LA HISTORIA

Mujeres cuya fama las puso en el ojo del huracán:
   
Juana de Arco (1412-1431)Heroína y santa francesa durante la guerra de los 100 años. Fue quemada, entre otras cosas, por vestirse con ropas de hombre
   
Mary Ann Evans (1819-1880)Escritora británica que retrató la el mundo victoriano de su época. Para ser tomada en serio, cambio su nombre por George Eliot
   
Isabel de Inglaterra (1533-1603)La “Reina Virgen”, quien a pesar de su popularidad, su extenso reinado se vio amenazado ante su reticencia a contraer matrimonio.
   
Marie Curie (1867-1934)Ganadora de dos premios Nobel en física y química, al principio de su carrera no fue admitida en la universidad por ser mujer
   
Masako Owada (1963- )Princesa Imperial del Japón, casada con el heredero de Akihito. Llevada a la depresión ante su “incapacidad” de engendrar a un hijo varón.

 

Posteado por: nefmex | 1 Marzo, 2008

El Imperio y la Iglesia III: confirman Leyes de Reforma

Ante el fracaso de la reunión entre el cardenal Pedro Francisco Meglia y la Emperatriz Carlota el día antes de la navidad de 1864, el Emperador Max y el Consejo de Estado decidieron dar una última oportunidad de resolver el asunto eclesiástico por la vía pacífica, y se concertó una reunión del mencionado Consejo y se invitó al Nuncio Apostólico y a la Emperatriz al mismo, el 26 de diciembre de 1864.

En esa reunión,  el Maximiliano expuso la charla que había tenido con el Papa Pío IX, y sus intenciones de reformar la Iglesia Católica en México debido a los vicios que encontraba en los clérigos; sobre todo, expresó que aunque la situación de los bienes era un asunto apremiante por resolver para obtener certidumbre en el Imperio, se había esperado tanto tiempo por consideración al Papa, pero que debido a tanta negativa y cerrazón, no quedaba de otra que hacer lo que se debía hacer. El Consejo, por su parte, esperaba poder hacer “el milagro” de persuadir al nuncio Meglia, esto sin éxito alguno.  Así pues, el 27 de diciembre de 1864, Maximiliano, Emperador de México promulgó el decreto que confirmaba la nacionalización de los bienes eclesiásticos, autorizaba la libertad de culto y disponía que debieran ser revisadas las ventas de las propiedades de la Iglesia Católica que no estuvieren realizada en forma correcta.

Maximiliano de Habsburgo, Emperador de México

Maximiliano de Habsburgo
Emperador de México

Fácil es pensar la reacción del Nuncio Apostólico ante esto: publicó una carta donde se quejaba amargamente y en términos perniciosos que el Imperio Mexicano había “rebajado a la Iglesia a la condición de esclava del derecho público”. Para poner las cosas en un peor talante, el Emperador promulgó el 7 de enero de 1865 que las bulas y breves papales no podían ser publicadas sin el exequátor del Estado Imperial, en otras palabras, que el Imperio revisaría el contenido de los mandatos del Papa para considerar si tenían aplicación en México. Después de esto, el Nuncio Apostólico se fue del país sin siquiera despedirse de los Emperadores, y con él se fue el poco apoyo que se tenía de los ricos miembros de la Iglesia Católica mexicana.

Una muestra de la animadversión que los fieles ultramontanos del catolicismo en le país tuvieron para con el Emperador por la confirmación de sus ideas liberales, es el caso de Abbe Alleau en 1865: este personaje espía de la Curia romana en México fue detenido y expulsado del país al encontrársele una carta donde proponía la exaltación de los clérigos mexicanos contra el Imperio; además de otra donde un personaje reconocido del proyecto imperial esperaba que la misión de Alleau tuviera el éxito necesario “en la misión que se le ha encomendado”, al parecer, desde la misma Roma.  Aparte de esto, este personaje tenía una nota difamatoria donde se esgrimía palabras ofensivas hacia la Emperatriz, diciendo que Carlota estaba al borde de la locura por no tener hijos, y que esto era porque el Emperador había contraído una enfermedad sexual durante un viaje a Río de Janeiro años atrás.

De esta manera, quedaba muy maltrecha la relación entre el Estado Imperial y la Iglesia Católica. El Emperador confirmó sus ideas sobre el respeto y la libertad de conciencia de los mexicanos, y los clérigos fracasaron en la única razón que los movió a apoyar el proyecto de un imperio en México al habérseles negado la reivindicación de los bienes nacionalizados. Esto creó un frente más de problemas que acabarían por minar los débiles cimientos del Imperio Mexicano.

El 26 de febrero de 1865 se promulga la Ley Libertad de cultos y nacionalización de bienes del clero:

… J. Libertad de cultos

Art. 1o. El Imperio proteje la Religión Católica, Apostólica, Romana, como Religión del Estado.

Art. 2o. Tendrán amplia y franca tolerancia en el territorio del Imperio todos los cultos que no se opongan a la moral, a la civilización, o a las buenas costumbres. Para el establecimiento de un culto se recabará previamente la autorización del Gobierno.

Art. 3o. Conforme lo vayan exigiendo las circunstancias, se expedirán los Reglamentos de policía para el ejercicio de los cultos.

Art. 4o. El Consejo del Estado conocerá de los abusos que las autoridades cometan contra el ejercicio de los cultos, y contra la libertad que las leyes garantizan a sus ministros.

II. Nacionalización de bienes eclesiásticos

Art. 1o. El Consejo de Estado revisará todas las operaciones de desamortización y nacionalización de bienes eclesiásticos, ejecutadas, a consecuencia de las leyes de 25 de junio de 1856, y 12 y 13 de julio de 1859 y sus concordantes.

Art. 2o. El Consejo, al hacer la revisión, enmendará los excesos e injusticias cometidos por fraude, por violación a las citadas leyes, o por abusos de los funcionarios encargados de su ejecución .. .

… Art. 5o. Las operaciones legítimas ejecutadas sin fraude y con sujeción a las leyes antes citadas, serán confirmadas. Las que no se encuentren en este caso, se declararán insubsistentes.

Art. 6o. Las operaciones irregulares que se hayan ejecutado contra el tenor de dichas leyes con aprobación del Gobierno federal, podrán ratificarse, reduciéndolas previamente a los términos prescritos en las mismas leyes, siempre que no haya perjuicio de tercero.

Art. 7o. Las operaciones que se declaren insubsistentes pueden rehabilitarse siempre que se reduzcan a los términos de la ley de 13 de julio de 1859, se entere al contado yen numerario una multa de un veinticinco por ciento sobre el valor total de la finca o capital adjudicados, y no se cause perjuicio a un tercero por derechos adquiridos con anterioridad a la rehabilitación …

… Art. 8o. Los derechos legítimos adquiridos por la ley de 25 de junio de 1856, no se considerarán perdidos o extinguidos sino por renuncia expresa o constancia de haberse ejecutado simuladamente la operación de que se deriva. No surtirán efecto las renuncias de las mujeres que carecieren de otra propiedad raíz, ni las de los tutores o curadores a nombre de sus pupilos .. .

… Art. 11. Las enajenaciones que el Clero hizo de las fincas que le fueron devueltas en los lugares en que imperaba la administración de los generales, Zuloaga y Miramón, podrán ser ratificadas si no hubiere perjuicio de tercero, por derecho anteriormente adquirido. Por la misma calidad podrán ser ratificadas las operaciones que se hubieren ejecutado a virtud de las’leyes de 12 a 13 de julio de 1859, y con sujeción a ellas antes de su publicación en el lugar respectivo .. .

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Biblografía:
Juárez y Maximiliano: La roca y el ensueño; de Armando Fuentes Aguirre.
Editorial Diana 2006, México.
Maximiliano y Carlota, de Egon Caesar Conte Corti.
Fondo de Cultura Económica, México
Tercera Reimpresión, 2003

Posteado por: nefmex | 26 Febrero, 2008

El Imperio y la Iglesia II: llega el nuncio papal

El Emperador Maximiliano llegó a México el 28 de marzo de 1864, cargando el fardo de unas complicadas relaciones con la Curia en Roma, producto de su poco provechoso encuentro con el Papa Pío IX. Al asentarse en la Ciudad de México, el Emperador pidió al Vaticano le fuera enviado un Nuncio Apostólico lo más pronto posible, ya que esperaba poder negociar con él el asunto de los bienes y derechos de la Iglesia Católica en el Imperio.

Maximiliano de Habsburgo, Emperador de México
Su Majestad, el Emperador Maximiliano de México

¿Qué visión encontró Maximiliano sobre la Iglesia en México? Se sabe que el Emperador era un personaje liberal, que entre sus percepciones se encontraba la libertad de pensamiento y la clara separación entre la Iglesia y el Estado. Así pues, la visión de una nación en donde el clero se comportaba con petulancia y soberbia sobre la mar de las personas no hizo si no reafirmar sus deseos de mejorar la situación de los mexicanos, del Imperio que él había de gobernar.

Sin embargo, pronto el Emperador pudo notar que el panorama no se resolvería con la prontitud necesaria, ya que nuncio que S.S eligió para México, Cardenal Pedro Francisco Meglia, no llegó al país sino hasta el 25 de agosto del mismo año, tiempo en el cual los conservadores “de sepa pura” y los clérigos influyentes del país, como los obispos de México, Michoacán, Oaxaca, Querétaro y Tulancingo, habían ya presionado y esperado soluciones acorde con sus interés, a los que el Emperador tuvo que poner en espera, y por tanto, crear un clima de desconfianza entre la facción “afín” al régimen imperial y el Emperador mismo.

Monseñor Miglia, Nuncio Apostólico de la Santa Sede trajo consigo precisas peticiones por parte del Papa al Emperador de México, a saber:

  • Anular todas y cada una de las llamadas Leyes de Reforma
  • Que se declarará a la religión católica como la única reconocida en el Imperio, sin tolerancia de alguna otra
  • Apoyar en tomo momento con las actividades de los obispos
  • Restablecer las órdenes religiosas y monásticas
  • Supeditar todos los niveles de enseñanza al control de la Iglesia Católica, y
  • Retirar absolutamente cualquier control del Estado a las actividades, finanzas y proceder de la Iglesia

Fácil es imaginar la reacción que esto causó al Emperador: le parecían absurdas e inaplicables en una nación gobernada por él, consabido liberal, las peticiones del nuncio, ya que en su fondo significaba el retroceso y la coadyuvación de la libertad que los tiempos demandaba.

Cardenal Pedro Francisco Meglia, nuncio apostólico
Cardenal Pedro Francisco Meglia, nuncio apostólico
del Papa Pío IX en México, (1864)

Maximiliano se reunión con el nuncio Miglia, y esperando poder hacer una negociación razonable para todos ofreció un concordato, que entre otros puntos, estipulaba

  • Declarar a la religión católica como oficial en el Imperio, pero no la única
  • Se abriría un juicio de revisión sobre la nacionalización y amortización de propiedad que pudieran a ver sido enajenadas en base ilegalidades, y
  • El Estado imperial pagaría los salarios del clero mexicano, siempre y cuando este renunciará a sus alegatos sobre bienes nacionalizados

Ante estas propuestas, la respuesta del nuncio apostólico fue tajante: no se haría negociación alguna, ya que su presencia en México estaba determinada única y exclusivamente a cumplir las ordenes ya expuestas que recibió de Pío IX.

Debido a este fracaso en la negociación, el 23 de diciembre de 1864, Maximiliano aceptó jugarse una última carta, y esta fue concretar una reunión de la Emperatriz Carlota con Monseño Miglia, para intentar llegar a un punto donde todo quedaría perdido: el Consejo del Imperio se había pronunciado a favor de ratificar los preceptos estipulados en las Leyes de Reforma.

La reunión entre Carlota y el nuncio no tuvo éxito, el representante del Vaticano se negó a flexibilizar sus postura y no pronunció una sola palabra para llegar a una concordia con el Imperio, y ante esta situación, la Emperatriz pronunció unas proféticas palabras:

reverencia, suceda lo que suceda me tomaré la libertad de recordarle esta conversación, no somos responsables de las consecuencias, hemos hechos todo para evitar lo que ahora sucederá, pero si la Iglesia no nos quiere ayudar, la serviremos contra su voluntad

Así pues. Lo único que quedaba era abrir la caja de Pandora.

Continuara…
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Biblografía:

Juárez y Maximiliano: La roca y el ensueño; de Armando Fuentes Aguirre.
Editorial Diana 2006, México.

Maximiliano y Carlota, de Egon Caesar Conte Corti.
Fondo de Cultura Económica, México
Tercera Reimpresión, 2003

Posteado por: nefmex | 23 Febrero, 2008

El Imperio y la Iglesia I: Maximiliano y el Papa

Aunque la historia oficial tiene un dejo de verdad al retratar al Emperador Maximiliano de México como un hombre liberal que no apoyo a la Iglesia Católica retrógrada de su época, cierto es que muy poco se sabe como se las vio “negras” el Emperador respecto a su relación ya no tanto con la Iglesia en nuestro país, sino con la Curia Romana.


Su Santidad, el Papa Pío IX

En aquellos aciagos años para nuestra patria, en el trono de San Pedro se encontrada Pío IX, connotado pontífice debido a su gran cultura y férrea defensa de la tradición católico en tiempos cuando el mundo se acostumbraba a la descolonización de América y el comienzo de las grandes ideas liberales, a las cuales el Papa descalificaba y combatía como enemigas de la Iglesia.

Ante este tan… conservador Jefe de la Iglesia Católica, tuvo el Emperador Maximiliano una audiencia privada el 18 de abril de 1864 -ya como con el título de imperial al haber aceptado la Corona de México el 10 de abril-. Durante su llegada y estancia en Roma fue tratado con todos los honores por las tropas francesas, que a la sazón controlaban la Ciudad Eterna, y por la guardia del Papa.


Maximiliano de Habsburgo
Emperador de México

¿En qué sentido se realizó esta audiencia privada? El sucesor de San Pedro sólo tenía una cosa en mente: coadyuvar en todo lo posible para que la Iglesia en México recuperará el poder y las posesiones que le habían sido quitadas por las Leyes de Reforma y de Amortización de Bienes Eclesiásticos. Así pues, mucho se puedo uno imaginar la no tensa pero si “curiosa” conversación que pudieron tener ambos personajes. En un momento de la reunión, Pío IX mencionó -palabras más, palabras menos-, que los derechos de los pueblos son sin duda alguna grandes, y que habían de ser satisfechos; pero que los de la Iglesia eran todavía mayores y más sagrados. El Papa no ordenó, fue sencillamente una frase propia de un pontífice conservador y con agenda propia que mencionó tales palabras mientras ofrecía la comunión al Emperador, sin embargo, Maximiliano respondió a tal diciendo que él era un buen cristiano, pero que primero se encontraba el compromiso con la nación de la cual había aceptado ser soberano.

Más claro, ni el propio Benito Juárez lo hubiera dicho. Desde ese preciso instante, la simpatía del Papa hacia el proyecto mexicano cayó en el peor de los sacos: la desconfianza. La reunión, corta en si misma, devino en un tensión propia de comentarios no dichos, pero aún faltaba la cereza en el pastel para este tan importante encuentro, y es que el Emperador de México pidió a Su Santidad Pío IX que la Santa Sede enviará a México “un buen nuncio con principios razonables”. Ósea: un embajador capaz de negociar con el gobierno imperial las demandas de la Iglesia. Si ya Maximiliano había caído de la gracia papal, esta petición culminó con las pocas simpatías del Papa, y la clara hostilidad que mostró Roma hacia México durante el Imperio, encuentran su punto de origen. El Emperador era calificado por la Curia como un “peligroso liberal”.

Esta situación marcó completamente uno de los más espinosos problemas a los que se enfrentó el Imperio: la prudencia indicaba que aunque resultará incómodo para todos, el asunto de los bienes de la Iglesia debía ser resuelto en Roma, para llegar a México con un as bajo la manga que terminara de convencer a los conservadores y a los mexicanos de las bondades del Emperador. Y las consecuencias de este error, se vieron a toda luz al llegar el Emperador a México.

Continuara…

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Biblografía:

Juárez y Maximiliano: La roca y el ensueño; de Armando Fuentes Aguirre.
Editorial Diana 2006, México.

Maximiliano y Carlota, de Egon Caesar Conte Corti.
Fondo de Cultura Económica, México
Tercera Reimpresión, 2003

Posteado por: nefmex | 14 Septiembre, 2007

La Independencia de México II

Cuando el Ayuntamiento de Ciudad de México declaraba
la soberanía del pueblo ante la ausencia del Rey, en 1808

Esbozo biográfico y social

Francisco Primo de Verdad y Ramos (9 de junio de 1760-8 de octubre de 1808), oriundo del actual Aguascalientes, fue uno de los muchos intelectuales novohispanos que procuraron lograr la emancipación pacífica de los reinos de ultramar del Imperio español. Su educación profesional fue cursada en el Real Colegio de San Idelfonso, donde se especializó en leyes. Estando ya en la Ciudad de México, Primo de Verdad evidencia la segregación intelectual que sufrían los criollos por parte de los oriundos de España, quienes eran siempre los designados a ejercer los cargos más importantes en el gobierno civil y el eclesiástico. Esta situación fue en gran parte el motivo que alimentó los ideales de independencia de la comunidad novohispana a los largo de los diversos movimientos que se erigieron -1808, 1810 y 1821-, ya que, a diferencia de la creencia popular, los criollos no buscaban romper totalmente la relación con la Madre Patria, sino que buscaban mejores oportunidades para su comunidad, en su territorio y por su nación; ya que, era muy común que los enviados por Madrid para el gobierno de los asuntos novohispanos -y de los otros territorios- carecieran de la más mínima idea sobre las costumbres, personas y forma en como se hacían las cosas en ultramar.

En 1808, ante avancé de las tropas napoleónica en España, la renuncia de Carlos IV en su hijo, ahora Fernando VII, y todavía, la renuncia de este a sus derechos dinásticos sobre la Corona a favor de de José Bonaparte en Bayona produce en la Península el motín de Aranjuez el 13 de marzo, noticia que llega a los territorios de ultramar en junio del mismo año, causando con ello una ebullición total en las esferas del poder: ausente el rey legítimo, cautiva la Familia Real, ¿en nombre de quien se gobierna el Imperio?

Ideal del movimiento

Para esta época, ya eran muy conocidos en los círculos intelectuales de Nueva España la historia y los hechos de la emancipación de las Trece Colonias, la Revolución Francesa, que alimentaban los ideas de gobierno propios de la población criolla. Así también las obras prohibidas por la censura española fluían por el territorio por el contrabando.

Los criollos intelectuales como Primo de Verdad, eran de la idea de que ante la ausencia del Rey, el poder caía en el pueblo a quien aquél representa, y que a falta de monarca, serían las Cortes quienes ostentarían ese derecho popular. Con tal idea en mente, el 19 de julio de 1808, los criollos convencieron al Virrey José de Iturrigaray de que convoque a personalidades de las principales ciudades del Reino de Nueva España para discutir sobre tan importante cuestión. El Virrey aceptó tomando el precedente que en la propia metrópoli se habían formado una Junta Central Gubernativa para todo el reino. Así, el 15 de septiembre de 1808, se decretó que ante la evidente ausencia del monarca legítimo, la soberanía recaía en el pueblo, de entre los cuales se formarían una junta de gobierno provisional.


José de Iturrigaray, Virrey de Nueva España y su familia

Ante estos hechos, los peninsulares estaban alarmados: la creación de una junta que gobernara la Nueva España de forma independiente a las formadas en España atentaba a sus intereses comerciales, ya que ellos tenían el monopolio total de las actividades económicas del virreinato desde las ordenanzas establecidas por Carlos III. Desde su punto de vista, los territorios de Ultramar debían de jurar fidelidad a la Corona a través de la Junta formada en Sevilla, natural contacto del virreinato con la metrópoli; para este asunto, llegó desde la ciudad española un representante de su junta, Juan Gabriel Jabat, quien exigía el reconocimiento de su gobierno como él único legítimo. Evidencia de la terrible situación era que también llego por esas fechas una misiva de la junta de Asturias con la misma petición… ¡ni en la propia España se ponían de acuerdo! Con todo y su Junta Central.

El argumento de los criollos para “ir más allá” del “simple” depósito de la soberanía del Rey a las Juntas, estaba dado por la propia ley que regía a España y su Imperio, que establecían las bases del concepto de “soberanía popular”. Estas leyes eran las que las novohispanos como Primo de Verdad tomaban como argumento para sus ideales; no buscaban la total separación ideológica con España, sino que ante los terribles acontecimientos en la península, los criollos deseaban aprovecha la oportunidad para ejercer el “gobierno propio de los naturales”, que tan lejano se encontraba desde que en los tiempos de Carlos III se reafirmó la primacía de los peninsulares sobre los naturales en los puestos de decisión dentro del gobierno de los virreinatos, capitanas generales y demás territorios de la Corona. Ejemplo de ello es la decisión tomada por el Ayuntamiento de la Ciudad sobre formar la junta de gobierno provisional.

Trágico final

El intento de los criollos por lograr la emancipación pacíficamente fue frustrado por los intereses de los peninsulares. El rico comerciante Gabriel de Yermo organizó a un grupo de allegados “fieles a la Corona”, quienes se armaron para tomar por asalto el Palacio Virreinal, y coludidos con la guardia del palacio, apresaron al virrey Iturrigaray, nombrado para sus fines a “virrey títere”, el anciano Pedro Garibay. Yermó y su grupo desterró a Iturrigaray bajo el argumento de sedición por “unirse a los criollos” en su idea de independizar el virreinato.

Los principales intelectuales criollos relacionados con el movimiento fueron apresados, y en el caso de Primo de Verdad, encontrados muertos en sus celdas del Palacio del Arzobispado. Declarado como “muerto por suicidio”, aunque realmente nadie lo creyó:

“..Cuando en virtud de las leyes de reforma el palacio del arzobispo pasó a dominio de la nación, de la parte del edifico que correspondía á las cárceles se hicieron casa particulares, una de las cuales es la que hoy habita como de su propiedad, uno de nuestros más distinguidos abogados, Don Joaquín María Alcalde. El comedor de esta casa fue el calabozo en que murió Verdad, y cuando por primera vez se abrió al público, yo vi en uno de los muros el agujero de un gran clavo y alrededor de él, un letrero que decía sobre poco más ó menos: Este es agujero del clavo en que fue ahorcado el lic. Verdad. Y todavía en ese mismo muro se descubrían las señales que hizo con los pies y con las uñas de las manos el desgraciado mártir, que luchaba con las ansias de la agonía.[...] La historia encontró la huella de la verdad en unos renglones mal trazados, y en un muro, que guardó las señales de las últimas convulsiones de la víctima…”(*)

Así pues. Termina la historia del “segundo intento de independencia” de México. Visiones críticas de un leyente del siglo XXI: a fin de cuentas, se mantiene el contacto del pasado con el presente, ya que los mismos poderes que impidieron la emancipación en aquellos tiempos, son los mismos que dan continuidad a los privilegios y prebendas de la oligarquía, plutocracia, partidocracia, mediocracia -o como le queramos llamar- que “gobierna” este país.

_________________
(*) Vicente Riva Palacio, El libro rojo, Valle de México, México, 1977, p. 310

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