Hola, buenas tardes.

Hoy día comentaremos un episodio que podemos decir es conocido aunque no muy difundido: la razón por la cual Isabel de España se convirtió en Reina de Castilla.

En aquellos tiempos, Castilla era gobernada por el medio hermano de Isabel, Enrique IV “el impotente“, hijos ambos de Juan II de Castilla. Sin entrar en todos los vericuetos del reinado tan interesante de Enrique, podemos decir que se le complicaba al rey tener descendencia con su primer matrimonio con Blanca de Navarra, por lo cual el rey la repudió y casose con la venia papal con Juana de Portugal. Durante este matrimonio nació Juana, y al poco se le proclamo heredera de Enrique IV.

Asunto que aun se debate por los historiadores es la legitimidad de Juana, porque la paternidad de la misma se le adjudica al favorito del rey, Don Beltrán de la Cueva, estrella ascendente de su corte, y que también era el favorito -y el amante- de la reina Juana. Con este antecedente y -¿por qué no decirlo?- rumor sobre la paternidad de la princesa, se dieron muchas intrigas en la corte de Castilla, muchos dimes y diretes entre los favoritos de los bandos que se formaron: los que defendían la legitimidad -aún a sabiendas de que no había prueba- y los que pugnaban por que se declarara heredera a Isabel. Como casi, casi podemos imaginar, el asunto no estaba ligado en nada a las princesas, sino a los interés de los bandos: el primero deseaba un acercamiento con Portugal para defender sus privilegios, ya que Isabel -el segundo bando- como reina traería a Castilla a los aragoneses, de quienes el primer bando había sacado tierras y posesiones en pasado, y que por su puesto esperaban recuperarlas. Este problema de interés estaban por generar una guerra civil en Castilla, y además de ello, creaban un hueco en la sucesión: la puesta en duda de la legitimidad de la hija del Rey era un factor que acrecentaba las rencillas entre el poder real y la nobleza, cosa que ni Enrique e Isabel tenían por problema menor.

Muchos detalles pasaron -lamento no poder incluirlos-, hasta el 18 de diciembre de 1468, fecha en la cual Enrique IV de Castilla se reunió con la princesa Isabel para ratificar los conocidos como Tratados de los Toros de Guisando; los cuales realmente se cabildearon en las localidades de Cadalso -donde se instaló el rey- y Cebreros -donde llegó Isabel-. Este tratado ponía -o al menos lo intentó- paz en Castilla en el asunto de la sucesión y el conflicto de interés entre los dos bandos, y contenía los siguientes puntos:

  • Isabel debía ser reconocida como heredera del Reino para “proveer como estos reinos no hayan de quedar ni queden sin legítimos sucesores” -de entrada se aduce la ilegitimidad de Juana-.
  • La princesa sería jurada por las Cortes y la Junta de la Hermandad en un plazo no mayor de cuarenta días.
  • Isabel recibía las rentas del Principado de Asturias, de las ciudades de Ávila, Huete, Úbeda, alcaraz, Molina, Medina del Campo y Escalona.
  • Las cartas de estos señoríos se le entregarían cuando la princesa se incorporara a la custodia de la corte.
  • Isabel de comprometía a casarse “con quien el dicho señor rey acordare y determinare de voluntad de la dicha señora Infanta y con acuerdo y consejos de los dichos arzobispos, maestre y conde, y no con otra persona alguna“. Con esto se indicaba que Isabel debía casarse con alguno de los pretendientes que el rey le presentase, siempre y cuando ella estuviera de acuerdo; ósea, podía rechazar a los candidatos de Enrique.
  • Debido a que la reina Juana “de un año a esta parte no ha usado limpiamente de su persona“, se arreglan las cosas para que sea devuelta a Portugal.
  • La “hija de la Reina” -Juana- sería entregada a la corte para su custodia. Con esa forma de expresarse sobre Juana, se entiende que los redactores del tratado sabían de las serias dudas sobre la legitimidad de la princesa.
  • Se entregaba el tesoro de Castilla en custodia como garantía de que cumplirían estos compromisos.

La historia demostró que las intenciones de los favoritos del Rey eran no cumplir este acuerdo. En primer lugar, pasaron más de los cuarenta días estipulados y las Cortes no se reunieron para el juramento de Isabel; además, cuando la princesa mandó a gente de su confianza a tomar posesión en su nombre de las ciudades antes mencionadas, ellos encontraron con que gente a fin al Rey había llegado primero y les impedía la entrada: el tratado estaba roto. También podemos mencionar otro desacato al acuerdo, el que la Reina Juana no había sido enviada a Portugal.

Ahora. ¿Por qué mencionamos esta ruptura? Bueno, sucede que mientras estos acontecimientos se daban, el Rey proponía -aconsejado por sus favoritos- candidatos para el matrimonio de Isabel, los cuales sólo tenían por objetivo alejarla de Castilla. Ella no aceptaba estos candidatos y sabía que estaba siendo acorralada al permanecer bajo la custodia de la Corte como el tratado le estipulaba, pero habiendo sido roto este por la gente del Rey, ¿que compromiso le impedía escapar de la trampa?

continuara…

________________
Fuente: Isabel I, Reina; de Luis Suárez. Edición Biblioteca ABC, Protagonistas de la Historia, 2004.

Anuncios